¿Verdad,…?

Verdad,…?

Cuando en su expresión serenamente observada,

no se aprecia movimiento alguno,…

No genera imposición, sino atemporal permanencia.

No puede ser comprendida desde nuestra lógica mente humana,

Cuando surge de la fuente de la que emana el eterno presente,…

Y cuando descendiendo como el rocío,…

Inunde todo lo que a ella se exponga,….

 

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Algunas reglas del gran juego…

Adentrarnos en el mar de nuestra inmensa ignorancia en solitario, es el viaje más sincero, humilde y valiente que podemos emprender, siendo realmente conscientes de nuestras infinitas limitaciones. Empieza este viaje por soltar las amarras de la “cordura” que nos atan al puerto de la razón, es decir, de lo que nos ha sido enseñado o transmitido por la racionalización de la experiencia de otros. Y una vez tomada esta decisión, nada de lo que nos suceda en ese océano vuelve a ser previsible, todo acontece de forma sorprendente……y nos obliga a componer nuestro aparejo (conjunto de velas) según las condiciones de nuestra nave, para sortear puntualmente las diferentes situaciones de navegación,…… que al mismo tiempo suponen las experiencias vitales que nos han sido otorgadas para el desarrollo de nuestro pequeño y autentico conocimiento…solo la experiencia propia es capaz de fijar en nosotros la verdadera sabiduría, si en verdad somos capaces de aprovecharla interiorizándolas correctamente.  Las soluciones a las dificultades de dicha aventura que únicamente puede ser personal, son el objeto de comercio en los muelles del puerto que debemos abandonar, el miedo a lo desconocido nos inclina a proveernos de productos inútiles, muy hábilmente ofrecidos por vendedores de una seguridad completamente ficticia, que hacen su negocio con los futuros marineros que se plantean embarcar para acometer tan arriesgada empresa. Desde este puerto también se programan viajes organizados, por avispados empresarios que ofrecen visitas en grupos como si de un crucero de placer se tratase, para complacer las inquietudes intelectuales de los inocentes pasajeros que tratan de sustituir sus experiencias personales por otras de carácter colectivo, aparentemente más seguras pero dependientes de experimentados capitanes que por medio de precisos aparatos de navegación, nunca abandonaran aguas ya conocidas, sustituyendo de esta manera a modo de sucedáneo nuestras posibilidades de experiencia personal. Aquel pasaje normalmente desembarca eufórico, pensando haber llegado a conseguir sus objetivos, transmitiendo a los cuatro vientos las bendiciones de su travesía, y haciendo dudar a todos los demás sobre la conveniencia de aventurarse en solitario. Pero en este caso la autentica experiencia personal no ha existido.

Adentrarnos en el mar de nuestra inmensa ignorancia en solitario, es el viaje más sincero, humilde y valiente que podemos emprender, siendo realmente conscientes de nuestras infinitas limitaciones.

Empieza este viaje por soltar las amarras de la “cordura” que nos atan al puerto de la razón, es decir, de lo que nos ha sido enseñado o transmitido por la racionalización de la experiencia de otros. Y una vez tomada esta decisión, nada de lo que nos suceda en ese océano vuelve a ser previsible, todo acontece de forma sorprendente……y nos obliga a componer nuestro aparejo (conjunto de velas) según las condiciones de nuestra nave, para sortear puntualmente las diferentes situaciones de navegación,…… que al mismo tiempo suponen las experiencias vitales que nos han sido otorgadas para el desarrollo de nuestro pequeño y autentico conocimiento…solo la experiencia propia es capaz de fijar en nosotros la verdadera sabiduría, si en verdad somos capaces de aprovecharla interiorizándola correctamente.

Soluciones a las dificultades de dicha aventura que únicamente puede ser personal, son el objeto de comercio en los muelles del puerto que debemos abandonar, el miedo a lo desconocido nos inclina a proveernos de productos inútiles, muy hábilmente ofrecidos por vendedores de una seguridad completamente ficticia, que hacen su negocio con los futuros marineros que se plantean embarcar para acometer tan arriesgada empresa.
Desde este puerto también se programan viajes organizados, por avispados empresarios que ofrecen visitas en grupos como si de un crucero de placer se tratase, para complacer las inquietudes aventureras de los inocentes pasajeros que tratan de sustituir sus experiencias personales por otras de carácter colectivo, aparentemente más seguras pero dependientes de codiciosos capitanes que aún contando con magicos artefactos de fabulosa tecnologia, nunca abandonaran aguas ya conocidas, sustituyendo de esta manera a modo de sucedáneo nuestras posibilidades de experiencia personal.

Aquel pasaje normalmente desembarca eufórico, pensando haber llegado a conseguir sus objetivos, transmitiendo a los cuatro vientos las bendiciones de su travesía, y haciendo dudar a todos los demás sobre la conveniencia de aventurarse en solitario….. Pero en estos casos,  la autentica experiencia personal nunca habrá existido.

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